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La Revolución China

 

El 1º de octubre de 1949 Mao Tsetung anunciaba la creación de la República Popular China desde la Plaza Tienanmen, en Beijing. La Revolución había triunfado por primera vez en un país dependiente y semicolonial, donde por entonces habitaban 600 millones de personas.


Tras casi 30 años de construcción socialista, los revolucionarios fueron derrotados en 1978, se restauró el capitalismo y hoy China es una potencia socialimperialista (socialista de palabra, pero imperialista en los hechos).

Han pasado 76 aƱos desde que Mao anunciara que “El pueblo chino se ha puesto de pie”, un 1° de octubre de 1949. Hoy el presidente de China, Xi Jinping, y la burguesĆ­a que controla el Partido y el Estado usan al Partido Comunista de China y a Mao Tsetung para llevar adelante una polĆ­tica de opresión a su clase obrera y su pueblo, y de expansión imperialista y colonialista, que disputa con Estados Unidos y otras potencias imperialistas, y nos acerca peligrosamente a una nueva guerra mundial.

Es fundamental conocer y resaltar los logros de la Revolución China, durante los 29 años de construcción socialista.



La revolución es un drama pasional

La RepĆŗblica Popular en 1949, la Revolución de Nueva democracia, como llamaron los comunistas chinos a esta etapa, tuvo como objetivo “derrocar la dominación del imperialismo, del feudalismo y del capitalismo burocrĆ”tico”, como indicó Mao, en camino al socialismo. Lo principal era resolver el hambre del pueblo chino, y dejar atrĆ”s “los aƱos de la humillación”, como denominaban a ese perĆ­odo en el que, en los grandes centros urbanos, las clases dominantes ponĆ­an carteles prohibiendo el acceso “a perros y chinos” en las plazas y locales comerciales y culturales.

Como el mismo Mao le dijo en una entrevista al escritor francĆ©s AndrĆ© Malraux: “La Revolución es un drama pasional. No hemos atraĆ­do al pueblo apelando a la razón, sino desarrollando la esperanza, la confianza y la fraternidad. Frente al hambre, la voluntad de igualdad adquiere la fuerza de un sentimiento religioso. DespuĆ©s, luchando por el arroz, la tierra, y los derechos concedidos por la reforma agraria, los campesinos adquirieron la convicción de que luchaban por sus vidas y las de sus hijos”.



Logros de la revolución

Escribió el secretario general del PCR Jacinto RoldĆ”n, fallecido el pasado 30 de abril, que con el triunfo de la RepĆŗblica Popular “46 millones de hectĆ”reas de tierra cambiaron de mano, 300 millones de campesinos pobres accedieron a la propiedad de la tierra y por primera vez en siglos se resolvió el problema del hambre para 500 millones de habitantes” (Mao Tsetung: revolución, arte y cultura).

Mao, unos meses antes del triunfo de la revolución (marzo 1949) habĆ­a afirmado: “La victoria de la revolución democrĆ”tica popular de China, mirada retrospectivamente despuĆ©s de varios decenios, parecerĆ” sólo el breve prólogo de un largo drama”. Estaba claro el lĆ­der revolucionario de la gigantesca batalla que se iba a dar en China, entre los seguidores del camino socialista y los seguidores del camino capitalista.

En los casi 30 años que el proletariado estuvo en el poder, hegemonizando el proceso de la revolución democrÔtica en un país dependiente, y avanzando hacia el socialismo, fueron inmensos los cambios para el pueblo chino. La expectativa de vida subió de 32 años en 1949 a 65 años en 1976. Antes de la revolución cuatro millones de personas morían al año de enfermedades contagiosas y 60 millones eran adictas al opio. La revolución sacó de la hambruna permanente a millones de campesinos. En una generación, la tasa de alfabetización subió de 15% en 1949 a 80-90% a mediados de los años 1970.

El protagonismo de las mujeres en el proceso revolucionario chino trajo profundos cambios durante el socialismo. Terminó con los matrimonios concertados, la brutal prÔctica de vendarle los pies a la mujer y el infanticidio de niñas. Un nuevo movimiento de mujeres, mayor y con una visión mÔs amplia que nunca antes, se propuso eliminar la división del trabajo que subordina a las mujeres a los hombres y rebasar el estrecho marco de la vida hogareña, como se describe en La mitad del cielo, de Claudie Broyelle.

Con Mao la economĆ­a industrial china tuvo un crecimiento impresionante, un promedio de 10% al aƱo, incluso durante la Revolución Cultural. China, llamada antes de la revolución el “enfermo de Asia”, se transformó en una potencia industrial importante, se paró sobre sus propios pies, y esto lo logró combatiendo la explotación, la dependencia y la intervención de distintas potencias imperialistas.

La producción agrícola creció a un ritmo de 3% al año, un poco mayor que el crecimiento de la población. En 1949, solo 26.000 hectÔreas tenían riego; pero en 1974 mÔs de 40 millones de hectÔreas tenían sistemas de riego y China era el país con la mayor extensión de tierra irrigada del mundo. La conservación de agua, medidas para controlar las inundaciones y la erosión, y masivas campañas de reforestación cambiaron la fisonomía del campo.

Por esto y por muchas otras razones que merecen mucho mĆ”s que estas lĆ­neas, reafirmamos que “DespuĆ©s de la revolución rusa de 1917, la victoria de la revolución china es el acontecimiento mĆ”s importante en la historia del movimiento revolucionario del proletariado internacional. Mao Tsetung desarrolló el marxismo-leninismo en todos los planos: en la teorĆ­a revolucionaria, en la teorĆ­a de la guerra, en la teorĆ­a económica y en la filosofĆ­a.

“En la lucha por avanzar hacia una sociedad sin explotadores ni explotados, Mao Tsetung formuló la teorĆ­a de la continuación de la revolución en las condiciones de la dictadura del proletariado e impulsó la Revolución Cultural Proletaria para impedir la restauración burguesa. Este es su principal aporte al desarrollo de la teorĆ­a marxista-leninista” (Programa del PCR de la Argentina).



La continuación de la revolución

La revolución triunfante en 1949 terminó con el poder de los terratenientes, el imperialismo y la burguesía intermediaria. Estableció un sistema político y económico socialista que dio poder a las masas y generó muchas mejoras. A pesar de eso, quedaban disparidades económicas y sociales significativas. AdemÔs, surgió una nueva élite privilegiada que tenía su centro político-organizativo en el seno del Partido Comunista y estaba aumentando su influencia política e ideológica.

A mediados de los años 60, esos seguidores del camino capitalista (los llamaron así porque proponían medidas que llevaban a la restauración del capitalismo) estaban maniobrando para tomar el poder. Querían reinstalar el sistema de explotación del hombre por el hombre, como había ocurrido en la Unión Soviética en 1957.

En 1966, conducido por Mao Tsetung el Partido Comunista de China lanzó la Gran Revolución Cultural Proletaria, movilizando a las masas a levantarse para impedir que los seguidores del camino capitalista tomaran el poder y para sacudir los altos niveles del partido que estaban adoptando un molde burocrÔtico-burgués. Sin embargo, la Revolución Cultural fue mucho mÔs que eso. Las masas realizaron transformaciones revolucionarias de la economía, las instituciones sociales, la cultura y los valores de la sociedad, y hasta revolucionaron el partido. Mao llamó este proceso continuar la revolución bajo la dictadura del proletariado.

El camarada RoldĆ”n, en 2019, a los 70 aƱos del triunfo de la Revolución China polemizaba en una charla con el presidente chino Xi Jinping, quien en los actos por el setenta aniversario afirmó que China es “una potencia socialista en ascenso”. RoldĆ”n decĆ­a que, tras la muerte de Mao y la derrota del proceso de la Revolución Cultural, que entre 1966 y 1976 batalló contra “los seguidores del camino capitalista” en China, en 1978 se restauró el capitalismo y comenzó un proceso de resurgimiento del sector privado, el abandono de la colectivización en el campo y el retorno a la agricultura familiar, asĆ­ como se abrió paso a la entrada de inversiones extranjeras. Y afirmó que “a nosotros nos dicen los chinos, y nosotros decimos que no somos prochinos, nosotros somos maoĆ­stas y levantamos el triunfo de la revolución y 29 aƱos de construcción socialista. No esta China imperialista que disputa la hegemonĆ­a mundial”.

A 76 aƱos de la Revolución China sostenemos la vigencia de sus enseƱanzas, asĆ­ como denunciamos a la China socialimperialista de hoy, que ensucia a Mao y a la bandera roja, acompaƱa “la estabilización financiera” de un gobierno reaccionario como el de Milei, como acaba de decir el embajador chino en nuestro paĆ­s, y avanza en su disputa con las otras potencias imperialistas, en particular con Estados Unidos, con una carrera armamentista que nos acerca a una tercera guerra mundial.

PCR