El presidente de izquierda se impuso a Flávio Bolsonaro tras quedar segundo en la primera vuelta. Trump y Bolsonaro cuestionan el resultado, mientras analistas ven un golpe a la estrategia de Washington en la región y un respiro para China.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), ganó la segunda vuelta con más de 3,5 puntos porcentuales de ventaja sobre el senador de ultraderecha Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL). Bolsonaro había terminado casi dos puntos arriba en la primera ronda.
Según la politóloga argentina Mariana Llanos, del Instituto GIGA de Hamburgo, es la primera vez desde el regreso de la democracia en Brasil que quien pierde la primera vuelta logra dar vuelta la elección. La experta atribuye la remontada a la campaña de Lula para el balotaje, que replanteó su mensaje y conectó con los jóvenes en las calles y las redes sociales. Cree que puede servir de inspiración en otros países.
La participación creció en la segunda vuelta. Según Regina Reinart, de la organización católica alemana Misereor, votaron cinco millones de personas más y Lula sumó diez millones de votos respecto de la primera ronda. La ventaja final superó los cuatro millones de votos.
Dudas de Trump y Bolsonaro
Pese a esa diferencia, tanto el presidente estadounidense Donald Trump como Flávio Bolsonaro pusieron en duda el resultado. Bolsonaro anunció que pretende impugnarlo. En cambio, la mayoría de los líderes regionales reconoció el triunfo de Lula, sin importar su signo político. Las excepciones fueron los silencios de Javier Milei, en Argentina, y Nayib Bukele, en El Salvador.
Un revés para Washington, una ventaja para Pekín
Para la politóloga boliviana Ana Soliz de Stange, investigadora de la Universidad de las Fuerzas Armadas alemanas, el resultado es “una derrota para Estados Unidos”. Explica que América Latina viene girando hacia la “securitización”, con promesas de mano dura contra la inseguridad. Pero Brasil, la mayor economía, el país más poblado y el de mayor territorio de la región, frena la institucionalización de esa tendencia. Quedan así solo iniciativas “incompletas” de integración subregional, como el proyecto Escudo de las Américas impulsado por Trump, del que Brasil no participa.
La reelección también complica posibles inversiones estadounidenses en sectores estratégicos como el de tierras raras. Soliz de Stange aclara que no las descarta, porque el Gobierno brasileño mantiene un vínculo “conflictivo pero pragmático” con Washington, pero no tendrán la libertad que habría dado un gobierno de derecha.
Para China, socio comercial clave, es en cambio una victoria. Los expertos coinciden en que el resultado da más margen al comercio y la inversión con ese país y a las iniciativas multilaterales con Europa, como el acuerdo UE-Mercosur, ya en vigor pero todavía problemático. Brasil también podrá mantenerse activo en foros como los BRICS, bloque del que es fundador y líder.
Llanos resume lo que el mundo puede esperar de un cuarto mandato de Lula en tres palabras: moderación, previsibilidad y continuidad. Soliz de Stange advierte, sin embargo, que Brasil seguirá siendo una voz crítica de la política europea frente a la guerra en Ucrania. Por eso considera que el resultado también es un triunfo para Vladimir Putin, que busca aliados.
Un Congreso más a la derecha
La victoria viene con un matiz importante. Claudia Fix, directora de la oficina de Misereor en Brasil, señala que las elecciones legislativas y locales simultáneas muestran un claro giro a la derecha. Lula enfrentará el Congreso más conservador y de extrema derecha desde el retorno a la democracia, tendrá que negociar para sostener sus logros y contará con poco margen para nuevas iniciativas.
A mediano plazo, el PT y la izquierda brasileña enfrentan otro desafío, según Llanos: el relevo de su líder fundador, que asumirá este cuarto mandato a los 81 años.






